Descubre tu propio estilo de crianza y cultiva el amor en familia

Los primeros momentos de la paternidad están llenos de miles de emociones distintas. Entre las más dominantes tenemos la sensación de euforia al conocer a nuestro hijo, quien será el centro de nuestra vida durante los próximos años.

Sin embargo, no hay que negar que dentro de este cúmulo de sensaciones, también experimentamos una leve sensación de ansiedad. ¿Por qué? Pues un alto porcentaje del futuro de este pequeño dependerá de nuestra capacidad de brindar una buena crianza.

Somos un ejemplo para nuestros niños, y nuestras decisiones son las que forjarán su personalidad en sus primeros años.

Para conocer un poco más sobre este tema, hablaremos de los estilos de crianza que existen.

Autoritarios o disciplinarios: ¿Cuándo la disciplina se convierte en rigidez?

Cuando pensamos en cómo es un padre disciplinario y un niño que ha sido criado bajo este lema, nos viene a la mente una imagen clara. Recreamos a un niño pulcro, ordenado, peinado y sereno. Y es que la disciplina permite disponer de mucho control sobre la paternidad.

¿Esto significa que la disciplina es la clave para una buena crianza? Para entenderlo mejor, vamos con una metáfora.

Por un momento, veamos el ser padre como un chef ve la cocina. Disponemos de muchos ingredientes para añadir a nuestras preparaciones y, aunque algunos pueden tener más protagonismo que los demás, no significa que solo vamos a agregar este. Por ejemplo, la sal, que es indispensable en la cocina. Si nuestras preparaciones únicamente cuentan con sal, entonces nuestro negocio pronto irá a la quiebra.

La disciplina puede llegar a verse como nuestra sal. En otras palabras, debemos equilibrar este modo de enseñanza con otros valores para no crear una mala infancia que ocasione adultos con traumas o problemas emocionales.

Si bien la disciplina es importante, este estilo puede tener consecuencias negativas en los hijos, como baja autoestima, falta de autonomía y dificultad para tomar decisiones.

Como ya mencionamos, dentro de los beneficios de la crianza autoritaria, veremos una sensación de control, tanto para nosotros como para nuestros pequeños. Aprenderán a repetir patrones de conducta que son positivos para su bienestar. Algunos de ellos: tener su cuarto ordenado, terminar las tareas a tiempo, comer a su debida hora, despertarse en un horario provechos.

La crianza disciplinada se logra por medio de un lenguaje calmado y claro, que permita que el niño siempre recuerde sus deberes. Esto implica involucrarnos ampliamente en la formación de sus hábitos.

Permisivos o indulgentes: ¿Demasiada libertad o falta de límites?

Los padres permisivos generalmente tienen una mala reputación. Son vistos como personas que, a propósito, dejan que sus hijos cuenten con libertades que los perjudica a ellos y a su entorno. Pero, a pesar de que no es del todo falso, hay virtudes dentro de este estilo de crianza, siempre que se realice con equilibrio y conciencia.

La primera etapa de nuestros pequeños es muy valiosa, ya que es su primer contacto con esta realidad y desarrollan una idea fija de cómo es el mundo: hostil, estresante, amigable, hermoso, etc.

Entender que ellos aún están explorando cada sensación es importante para que puedan tener confianza en sí mismos. Acciones como pintar paredes, hacer desastre con la comida o tocar todo lo que ven, es su forma de identificar cada objeto (sensación, temperatura, forma, sabor, etc.)

Un padre permisivo es un gran aliado para un niño confiado en sí mismo. Por supuesto, si se logra priorizar la seguridad y desarrollo del pequeño.

Sin embargo, aquí entramos nuevamente en nuestra metáfora de la cocina. Debemos intentar que este ingrediente, aunque sea dominante, no sea el todo. No queremos que nuestro hijo malinterprete las cosas y piense que no existen los límites.

Una crianza de este estilo hará que, de adultos, nuestros hijos tengan problemas para asimilar la sociedad. Esto puede derivar en rebeldía, a que los hijos se vuelvan irresponsables, carezcan de autorregulación y tengan dificultades para establecer límites y enfrentar las adversidades.

No involucrados: La ausencia de cuidado y atención

Hasta ahora hemos desarrollado estilos de crianza que, en conjunto con otros, permiten tener un niño saludable y brillante a su propia manera.

No obstante, cuando hablamos de un padre no involucrado, lastimosamente no hay forma de verle un lado nutritivo a la salud mental de nuestro pequeño.

Los primeros años para nuestros niños son muy básicos para su interpretación de la realidad y ellos se valen de nosotros para poder definirlo. En nuestra ausencia, experimentan muchos problemas para entender las costumbres, captar emociones, aprender con agilidad y sentirse dentro de un hogar.

La distancia generalmente da una sensación de frialdad y de inmersión. Y aunque la naturaleza siempre busca una forma de compensar aquello que nos falta, dando como resultado niños brillantes con su propio mundo intelectual, también puede llevar a problemas de personalidad, ansiedad, depresión y mucho más.

Familias muy unidas

Explorando el polo opuesto, podemos hablar sobre aquellas familias en donde el espacio personal es casi inexistente y hay mucha proximidad entre cada miembro.

Aquí hablamos de una calidez increíble que permite que nuestros hijos puedan sentir una gran confianza en sí mismos y nutrir su personalidad.

Pero, aunque todo parezca color de rosa, este tipo de crianza hace que los niños estén directamente expuestos al comportamiento de sus padres. Por esta razón, es importante que tengamos un control increíble sobre nuestras emociones y reacciones para evitar que el niño se vea afectado negativamente.

De la misma forma en que pueden convertirse en buenas personas con nuestro ejemplo, pueden tomar lo malo para la construcción de su personalidad.

Lo bueno es que, al ser un padre involucrado que busca lo mejor para su familia, la crianza de nuestros pequeños nos ayudará a aprender más de nosotros mismos y mejorar lo negativo. Serán nuestros maestros para ser mejores cada día.

¿Cuál es el mejor estilo de crianza?

No hay un estilo de crianza único que sea el mejor para todos los niños. Cada estilo tiene sus fortalezas y debilidades, y es importante adaptarlo a las necesidades individuales de cada niño.

¿Cómo puedo identificar mi propio estilo de crianza?

La reflexión y la autoevaluación son clave para identificar tu estilo de crianza. Observa tus patrones de crianza, tus reacciones emocionales y tus expectativas hacia tus hijos. Si es necesario, busca el asesoramiento de un profesional para obtener una perspectiva objetiva.

¿Puedo cambiar mi estilo de crianza?

Sí, es posible cambiar tu estilo de crianza si sientes que no está funcionando de manera efectiva. Esto requerirá autoconciencia, educación y práctica. Busca recursos y apoyo para ayudarte en este proceso de cambio.

En resúmen, no existe un estilo de crianza perfecto. Cada persona deberá decidir cuánto de cada ingrediente añadir a su hogar e imaginar qué resultado obtendrá.

Lo más importante cuando criamos a nuestros hijos es que cada norma, castigo o decisión esté basada en un intento de nuestra parte por beneficiarlos y guiarlos.

Espero que este post te haya sido de mucha ayuda. Siempre contando contigo, te exhorto a las tres C: Comenta, Comparte y Compra. 😉

¡Gracias!